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Seguros antiguos: cuando pagar menos no es ahorrar

29 de enero de 2026
by CLOSASEGUROS

Es muy habitual encontrar seguros contratados hace 15, 20 o incluso 30 años que siguen en vigor casi sin cambios. El cliente suele decir: “Nunca he tenido un siniestro y pago muy poco, ¿para qué tocarlo?”. El problema es que el mundo ha cambiado… y los seguros también.

En ese tiempo han cambiado muchas cosas:

  • El valor de las viviendas y el coste de reconstrucción.
  • El precio de los muebles, electrodomésticos y tecnología.
  • Los riesgos legales y las reclamaciones de responsabilidad civil.
  • Las expectativas del cliente cuando ocurre un siniestro.

Una póliza antigua suele arrastrar carencias importantes que solo salen a la luz cuando ya es tarde.

Señales claras de alerta:

  • Capitales asegurados insuficientes: viviendas o contenidos asegurados por importes muy por debajo de su valor real. En caso de siniestro, esto puede provocar infraseguro y reducciones en la indemnización.
  • Exclusiones que hoy no tendrían sentido: daños por agua muy limitados, robo con condiciones excesivamente restrictivas o ausencia total de determinadas garantías.
  • Falta de coberturas hoy básicas: asistencia en el hogar, defensa jurídica, responsabilidad civil ampliada, daños eléctricos, todo riesgo accidental, etc.
  • Franquicias ocultas o límites muy bajos, que dejan al asegurado prácticamente solo ante el problema.

El gran error es pensar que “como nunca pasa nada”, la póliza funciona. El seguro solo se pone a prueba cuando ocurre un siniestro… y ahí es donde una póliza antigua puede quedarse muy corta y generar frustración, conflictos y pérdidas económicas importantes.

Nuestro consejo:
Revisar una póliza no significa cambiarla automáticamente ni pagar más porque sí. Significa entender qué tienes, qué cubre realmente y si encaja con tu vida actual. A veces se puede mejorar mucho una póliza con un pequeño ajuste; otras veces conviene replantearla por completo.

Pagar menos solo es ahorrar cuando el seguro responde. Cuando no lo hace, lo barato suele salir caro.

Sandra Cardero, ejecutiva de cuentas.

Es muy habitual encontrar seguros contratados hace 15, 20 o incluso 30 años que siguen en vigor casi sin cambios. El cliente suele decir: “Nunca he tenido un siniestro y pago muy poco, ¿para qué tocarlo?”. El problema es que el mundo ha cambiado… y los seguros también.

En ese tiempo han cambiado muchas cosas:

  • El valor de las viviendas y el coste de reconstrucción.
  • El precio de los muebles, electrodomésticos y tecnología.
  • Los riesgos legales y las reclamaciones de responsabilidad civil.
  • Las expectativas del cliente cuando ocurre un siniestro.

Una póliza antigua suele arrastrar carencias importantes que solo salen a la luz cuando ya es tarde.

Señales claras de alerta:

  • Capitales asegurados insuficientes: viviendas o contenidos asegurados por importes muy por debajo de su valor real. En caso de siniestro, esto puede provocar infraseguro y reducciones en la indemnización.
  • Exclusiones que hoy no tendrían sentido: daños por agua muy limitados, robo con condiciones excesivamente restrictivas o ausencia total de determinadas garantías.
  • Falta de coberturas hoy básicas: asistencia en el hogar, defensa jurídica, responsabilidad civil ampliada, daños eléctricos, todo riesgo accidental, etc.
  • Franquicias ocultas o límites muy bajos, que dejan al asegurado prácticamente solo ante el problema.

El gran error es pensar que “como nunca pasa nada”, la póliza funciona. El seguro solo se pone a prueba cuando ocurre un siniestro… y ahí es donde una póliza antigua puede quedarse muy corta y generar frustración, conflictos y pérdidas económicas importantes.

Nuestro consejo:
Revisar una póliza no significa cambiarla automáticamente ni pagar más porque sí. Significa entender qué tienes, qué cubre realmente y si encaja con tu vida actual. A veces se puede mejorar mucho una póliza con un pequeño ajuste; otras veces conviene replantearla por completo.

Pagar menos solo es ahorrar cuando el seguro responde. Cuando no lo hace, lo barato suele salir caro.

Sandra Cardero, ejecutiva de cuentas.

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